La poesía

Y fue a esa edad… Llegó la poesía
a buscarme. No sé, no sé de dónde
salió, de invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
no, no eran voces, no eran
palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.

Yo no sabía qué decir, mi boca
no sabía
nombrar,
mis ojos eran ciegos,
y algo golpeaba en mi alma,
fiebre o alas perdidas,
y me fui haciendo solo,
descifrando
aquella quemadura,
y escribí la primera línea vaga,
vaga, sin cuerpo, pura
tontería,
pura sabiduría
del que no sabe nada,
y vi de pronto
el cielo
desgranado
y abierto,
planetas,
plantaciones palpitantes,
la sombra perforada,
acribillada
por flechas, fuego y flores,
la noche arrolladora, el universo.

Y yo, mínimo ser,
ebrio del gran vacío
constelado,
a semejanza, a imagen
del misterio,
me sentí parte pura
del abismo,
rodé con las estrellas,
mi corazón se desató en el viento.

Pablo Neruda

Anuncios

Primero sueño

Piramidal, funesta de la tierra
nacida sombra, al cielo encaminaba
de vanos obeliscos punta altiva,
escalar pretendiendo las estrellas;
si bien sus luces bellas
esemptas siempre, siempre rutilantes,
la tenebrosa guerra
que con negros vapores le intimaba
la vaporosa sombra fugitiva
burlaban tan distantes,
que su atezado ceño
al superior convexo aún no llegaba
del orbe de la diosa
que tres veces hermosa
con tres hermosos rostros ser ostenta;
quedando sólo dueño
del aire que empañaba
con el aliento denso que exhalaba.
Y en la quietud contenta
de impero silencioso,
sumisas sólo voces consentía
de las nocturnas aves
tan oscuras tan graves,
que aún el silencio no se interrumpía.
Con tardo vuelo, y canto, de él oído
mal, y aún peor del ánimo admitido,
la avergonzada Nictímene acecha
de las sagradas puertas los resquicios
o de las claraboyas eminentes
los huecos más propicios,
que capaz a su intento le abren la brecha,
y sacrílega llega a los lucientes
faroles sacros de perenne llama,
que extingue, sino inflama
en licor claro la materia crasa
consumiendo; que el árbol de Minerva
de su fruto, de prensas agravado,
congojoso sudó y rindió forzado.
Y aquellas que su casa
campo vieron volver, sus telas yerba,
a la deidad de Baco inobedientes
ya no historias contando diferentes,
en forma si afrentosa transformadas
segunda forman niebla,
ser vistas, aun temiendo en la tiniebla,
aves sin pluma aladas:
aquellas tres oficiosas, digo,
atrevidas hermanas,
que el tremendo castigo
de desnudas les dio pardas membranas
alas, tan mal dispuestas
que escarnio son aun de las más funestas:
éstas con el parlero
ministro de Plutón un tiempo, ahora
supersticioso indicio agorero,
solos la no canora
componían capilla pavorosa,
máximas negras, longas entonando
y pausas, más que voces, esperando
a la torpe mensura perezosa
de mayor proporción tal vez que el viento
con flemático echaba movimiento
de tan tardo compás, tan detenido,
que en medio se quedó tal vez dormido.
Este. pues, triste son intercadente
de la asombrosa turba temerosa,
menos a la atención solicitaba
que al suelo persuadía;
antes si, lentamente,
si su obtusa consonancia espaciosa
al sosiego inducía
y al reposo los miembros convidaba,
el silencio intimando a los vivientes,
uno y otro sellando labio obscuro
con indicante dedo, Harpócrates la noche silenciosa;
a cuyo, aunque no duro, si bien imperioso
precepto, todos fueron obedientes.
El viento sosegado, el can dormido:
éste yace, aquél quedo,
los átomos no mueve
con el susurro hacer temiendo leve,
aunque poco sacrílego ruido,
violador del silencio sosegado.
El mar, no ya alterado,
ni aún la instable mecía
cerúlea cuna donde el sol dormía;
y los dormidos siempre mudos peces,
en los lechos lamosos
de sus obscuros senos cavernosos,
mudos eran dos veces.
Y entre ellos la engañosa encantadora
Almone, a los que antes
en peces transformó simples amantes,
transformada también vengaba ahora.
En los del monte senos escondidos
cóncavos de peñascos mal formados,
de su esperanza menos defendidos
que de su obscuridad asegurados,
cuya mansión sombría
ser puede noche en la mitad del día,
incógnita aún al cierto
montaraz pie del cazador experto,
depuesta la fiereza
de unos, y de otros el temor depuesto,
yacía el vulgo bruto,
a la naturaleza
el de su potestad vagando impuesto,
universal tributo.
Y el rey -que vigilancias afectaba-
aun con abiertos ojos no velaba.
El de sus mismos perros acosado,
monarca en otro tiempo esclarecido,
tímido ya venado,
con vigilante oído,
del sosegado ambiente,
al menor perceptible movimiento
que los átomos muda,
la oreja alterna aguda
y el leve rumor siente
que aun le altera dormido.
Y en la quietud del nido,
que de brozas y lodo instable hamaca
formó en la más opaca
parte del árbol, duerme recogida
la leve turba, descansando el viento
del que le corta alado movimiento.
De Júpiter el ave generosa
(como el fin reina) por no darse entera
al descanso, que vicio considera
si de preciso pasa, cuidadosa
de no incurrir de omisa en el exceso,
a un sólo pie librada fía el peso
y en otro guarda el cálculo pequeño,
despertador reloj del leve sueño,
porque si necesario fue admitido
no pueda dilatarse continuado,
antes interrumpido
del regio sea pastoral cuidado.
¡Oh de la majestad pensión gravosa,
que aun el menor descuido no perdona!
Causa quizá que ha hecho misteriosa,
circular denotando la corona
en círculo dorado,
que el afán es no menos continuado.
El sueño todo, en fin, lo poseía:
todo. en fin, el silencio lo ocupaba.
Aun el ladrón dormía:
aun el amante no se desvelaba:
el conticinio casi ya pasando
iba y la sombra dimidiaba, cuando
de las diurnas tareas fatigados
y no sólo oprimidos
del afán ponderosos
del corporal trabajo, más cansados
del deleite también; que también cansa
objeto continuado a los sentidos
aún siendo deleitoso;
que la naturaleza siempre alterna
ya una, ya otra balanza,
distribuyendo varios ejercicios,
ya al ocio, ya al trabajo destinados,
en el fiel infiel con que gobierna
la aparatosa máquina del mundo.
Así pues, del profundo
sueño dulce los miembros ocupados,
quedaron los sentidos
del que ejercicio tiene ordinario
trabajo, en fin, pero trabajo amado
-si hay amable trabajo-
si privados no, al menos suspendidos.
Y cediendo al retrato del contrario
de la vida que lentamente armado
cobarde embiste y vence perezoso
con armas soñolientas,
desde el cayado humilde al cetro altivo
sin que haya distintivo
que el sayal de la púrpura discierna;
pues su nivel, en todo poderoso,
gradúa por esemptas
a ningunas personas,
desde la de a quien tres forman coronas
soberana tiara
hasta la que pajiza vive choza;
desde la que el Danubio undoso dora,
a la que junco humilde, humilde mora;
y con siempre igual vara
(como, en efecto, imagen poderosa
de la muerte) Morfeo
el sayal mide igual con el brocado.
El alma, pues, suspensa
del exterior gobierno en que ocupada
en material empleo,
o bien o mal da el día por gastado,
solamente dispensa,
remota, si del todo separada
no, a los de muerte temporal opresos,
lánguidos miembros, sosegados huesos,
los gajes del calor vegetativo,
el cuerpo siendo, en sosegada calma,
un cadáver con alma,
muerto a la vida y a la muerte vivo,
de lo segundo dando tardas señas
el de reloj humano
vital volante que, sino con mano,
con arterial concierto, unas pequeñas
muestras, pulsando, manifiesta lento
de su bien regulado movimiento.
Este, pues, miembro rey y centro vivo
de espíritus vitales,
con su asociado respirante fuelle
pulmón, que imán del viento es atractivo,
que en movimientos nunca desiguales
o comprimiendo yo o ya dilatando
el musculoso, claro, arcaduz blando,
hace que en él resuelle
el que le circunscribe fresco ambiente
que impele ya caliente
y él venga su expulsión haciendo activo
pequeños robos al calor nativo,
algún tiempo llorados,
nunca recuperados,
si ahora no sentidos de su dueño,
que repetido no hay robo pequeño.
Estos, pues, de mayor, como ya digo,
excepción, uno y otro fiel testigo,

la vida aseguraban,
mientras con mudas voces impugnaban
la información, callados los sentidos
con no replicar sólo defendidos;
y la lengua, torpe, enmudecía,
con no poder hablar los desmentía;
y aquella del calor más competente
científica oficina
próvida de los miembros despensera,
que avara nunca v siempre diligente,
ni a la parte prefiere más vecina
ni olvida a la remota,
y, en ajustado natural cuadrante,
las cuantidades nota
que a cada cual tocarle considera,
del que alambicó quilo el incesante
calor en el manjar que medianero
piadoso entre él y el húmedo interpuso
su inocente substancia,
pagando por entero
la que ya piedad sea o ya arrogancia,
al contrario voraz necio la expuso
merecido castigo, aunque se excuse
al que en pendencia ajena se introduce.
Esta, pues, si no fragua de Vulcano,
templada hoguera del calor humano,
al cerebro enviaba
húmedos, mas tan claros los vapores
de los atemperados cuatro humores,
que con ellos no sólo empañaba
los simulacros que la estimativa
dio a la imaginativa,
y aquesta por custodia más segura
en forma ya más pura
entregó a la memoria que, oficiosa,
gravó tenaz y guarda cuidadosa
sino que daban a la fantasía
lugar de que formase
imágenes diversas y del modo
que en tersa superficie, que de faro
cristalino portento, asilo raro
fue en distancia longísima se veían,
(sin que ésta le estorbase)
del reino casi de Neptuno todo,
las que distantes le surcaban naves.
Viéndose claramente,
en su azogada luna,
el número, el tamaño y la fortuna
que en la instable campaña transparente
arriesgadas tenían,
mientras aguas y vientos dividían
sus velas leves y sus quillas graves,
así ella, sosegada, iba copiando
las imágenes todas de las cosas
y el pincel invisible iba formando
de mentales, sin luz, siempre vistosas
colores. las figuras,
no sólo ya de todas las criaturas
sublunares, mas aun también de aquellas
que intelectuales claras son estrellas
y en el modo posible
que concebirse puede lo invisible,
en sí mañosa las representaba
y al alma las mostraba.
La cual, en tanto, toda convertida
a su inmaterial ser y esencia bella,
aquella contemplaba,
participada de alto ser centella,
que con similitud en sí gozaba.
I juzgándose casi dividida
de aquella que impedida
siempre la tiene, corporal cadena
que grosera embaraza y torpe impide
el vuelo intelectual con que ya mide
la cuantidad inmensa de la esfera,
ya el curso considera
regular con que giran desiguales
los cuerpos celestiales;
culpa si grave, merecida pena,
torcedor del sosiego riguroso
de estudio vanamente juicioso;
puesta a su parecer, en la eminente
cumbre de un monte a quien el mismo Atlante
que preside gigante
a los demás, enano obedecía,
y Olimpo, cuya sosegada frente,
nunca de aura agitada
consintió ser violada,
aun falda suya ser no merecía,
pues las nubes que opaca son corona
de la más elevada corpulencia
del volcán más soberbio que en la tierra
gigante erguido intima al cielo guerra,
apenas densa zona
de su altiva eminencia
o a su vasta cintura
cíngulo tosco son, que mal ceñido
o el viento lo desata sacudido
o vecino el calor del sol, lo apura
a la región primera de su altura,
ínfima parte, digo, dividiendo
en tres su continuado cuerpo horrendo,
el rápido no pudo, el veloz vuelo
del águila -que puntas hace al cielo
y el sol bebe los rayos pretendiendo
entre sus luces colocar su nido-
llegar; bien que esforzando
mas que nunca el impulso, ya batiendo
las dos plumadas velas, ya peinando
con las garras el aire, ha pretendido
tejiendo de los átomos escalas
que su inmunidad rompan sus dos alas.
Las pirámides dos -ostentaciones
de Menfis vano y de la arquitectura
último esmero- si ya no pendones
fijos, no tremolantes, cuya altura
coronada de bárbaros trofeos,
tumba y bandera fue a los Ptolomeos,
que al viento, que a las nubes publicaba,
si ya también el cielo no decía
de su grande su siempre vencedora
ciudad –ya Cairo ahora-
las que, porque a su copia enmudecía
la fama no contaba
gitanas glorias, menéficas proezas,
aun en el viento, aun en el cielo impresas.
Estas que en nivelada simetría
su estatura crecía
con tal disminución, con arte tanto,
que cuánto más al cielo caminaba
a la vista que lince la miraba,
entre los vientos se desaparecía
sin permitir mirar la sutil punta
que al primer orbe finge que se junta
hasta que fatigada del espanto,
no descendida sino despeñada
se hallaba al pie de la espaciosa basa.
Tarde o mal recobrada
del desvanecimiento,
que pena fue no escasa
del visual alado atrevimiento,
cuyos cuerpos opacos
no al sol opuestos, antes avenidos
con sus luces, si no confederados
con él, como en efecto confiantes,
tan del todo bañados
de un resplandor eran, que lucidos,
nunca de calurosos caminantes
al fatigado aliento, a los pies flacos
ofrecieron alfombra,
aun de pequeña, aun de señal de sombra.
Estas que glorias ya sean de gitanas
o elaciones profanas,

bárbaros hieroglíficos de ciego
error, según el griego,
ciego también dulcísimo poeta,
si ya por las que escribe
aquileyas proezas
o marciales, de Ulises, sutilezas,
la unión no le recibe
de los historiadores o le acepta
cuando entre su catálogo le cuente,
que gloría más que número le aumente,
de cuya dulce serie numerosa
fuera más fácil cosa
al temido Jonante
el rayo fulminante
quitar o la pescada
a Alcídes clava herrada,
que un hemistiquio solo
-de los que le: dictó propicio Apolo-
según de Homero digo, la sentencia.
Las pirámides fueron materiales
tipos solos, señales exteriores
de las que dimensiones interiores
especies son del alma intencionales
que como sube en piramidal punta
al cielo la ambiciosa llama ardiente,
así la humana mente
su figura trasunta
y a la causa primera siempre aspira,
céntrico punto donde recta tira
la línea, si ya no circunferencia
que contiene infinita toda esencia.
Estos pues, montes dos artificiales,
bien maravillas, bien milagros sean,
y aun aquella blasfema altiva torre,
de quien hoy dolorosas son señales
no en piedras, sino en lenguas desiguales
porque voraz el tiempo no las borre,
los idiomas diversos que escasean
el sociable trato de las gentes
haciendo que parezcan diferentes
los que unos hizo la naturaleza,
de la lengua por solo la extrañeza; .
si fueran comparados
a la mental pirámide elevada,
donde, sin saber como colocada
el alma se miró, tan atrasados
se hallaran que cualquiera
graduara su cima por esfera,
pues su ambicioso anhelo,
haciendo cumbre de su propio vuelo,
en lo más eminente
la encumbró parte de su propia mente,
de sí tan remontada que creía
que a otra nueva región de sí salía.
En cuya casi elevación inmensa,
gozosa, mas suspensa,
suspensa, pero ufana
y atónita, aunque ufana la suprema
de lo sublunar reina soberana,
la vista perspicaz libre de antojos
de sus intelectuales y bellos ojos,
sin que distancia tema
ni de obstáculo opaco se recele,
de que interpuesto algún objeto cele,
libre tendió por todo lo criado,
cuyo inmenso agregado
cúmulo incomprehensible
aunque a la vista quiso manifiesto
dar señas de posible,
a la comprehensión no, que entorpecida
con la sobra de objetos y excedida
de la grandeza de ellos su potencia,
retrocedió cobarde,
tanto no del osado presupuesto
revocó la intención arrepentida,
la vista que intentó descomedida
en vano hacer alarde
contra objeto que excede en excelencia
las líneas visuales,
contra el sol, digo, cuerpo luminoso,
cuyos rayos castigo son fogoso,
de fuerzas desiguales
despreciando, castigan rayo a rayo
el confiado antes atrevido
y ya llorado ensayo,
necia experiencia que costosa tanto
fue que Icaro ya su propio llanto
lo anegó enternecido
como el entendimiento aquí vencido,
no menos de la inmensa muchedumbre
de tanta maquinosa pesadumbre
de diversas especies conglobado
esférico compuesto,
que de las cualidades
de cada cual cedió tan asombrado
que, entre la copia puesto,
pobre con ella en las neutralidades
de un mar de asombros, la elección confusa
equívoco las ondas zozobraba.
Y por mirarlo todo; nada veía,
ni discernir podía,
bota la facultad intelectiva
en tanta, tan difusa
incomprensible especie que miraba
desde el un eje en que librada estriba
la máquina voluble de la esfera,
el contrapuesto polo,
las partes ya no sólo,
que al universo todo considera
serle perfeccionantes
a su ornato no más pertenecientes;
mas ni aun las que ignorantes;
miembros son de su cuerpo dilatado,
proporcionadamente competentes.
Mas como al que ha usurpado
diuturna obscuridad de los objetos
visibles los colores
si súbitos le asaltan resplandores,
con la sombra de luz queda más ciego:
que el exceso contrarios hace efectos
en la torpe potencia, que la lumbre
del sol admitir luego
no puede por la falta de costumbre;
y a la tiniebla misma que antes era
tenebroso a la vista impedimento,
de los agravios de la luz apela
y una vez y otra con la mano cela
de los débiles ojos deslumbrados
los rayos vacilantes,
sirviendo va piadosa medianera
la sombra de instrumento
para que recobrados
por grados se habiliten,
porque después constantes
su operación más firme ejerciten.
Recurso natural, innata ciencia
que confirmada ya de la experiencia,
maestro quizá mudo,
retórico ejemplar inducir pudo
a uno y otro galeno
para que del mortífero veneno,
en bien proporcionadas cantidades,
escrupulosamente regulando
las ocultas nocivas cualidades,
ya por sobrado exceso
de cálidas o frías,
o ya por ignoradas simpatías
o antipatías con que van obrando
las causas naturales su progreso,
a la admiración dando, suspendida,
efecto cierto en causa no sabida,
con prolijo desvelo y remirada,
empírica atención examinada
en la bruta experiencia,
por menos peligrosa
la confección hicieron provechosa,
último afán de la apolínea ciencia
de admirable triaca
¡que así del mal el bien tal vez se saca!
No de otra suerte el alma que, asombrada
de la vista quedó de objeto tanto,
la atención recogió, que derramada
en diversidad tanta, aun no sabía
recobrarse así misma del espanto
que portentoso había
su discurso clamado,
permitiéndole apenas
de un concepto confuso
el informe embrión que mal formado
inordinado caos retrataba
de confusas especies que abrazaba,
sin orden avenidas,
sin orden separadas
que cuanto mas se implican combinadas
tanto más se disuelven desunidas
de diversidad llenas
ciñendo con violencia lo difuso
de objecto tanto a tan pequeño vaso,
aun al más bajo, aun al menor, escaso.
Las velas, en efecto, recogidas
que fío inadvertidas
traidor al mar, al viento ventilante,
buscando desatento
al mar fidelidad, constancia al viento
mal le hizo de su grado
en la mental orilla
dar fondo destrozado
al timón roto, a la quebrada entena,
besando arena a arena
de la playa el bajel astilla o astilla,
donde ya recobrado
el lugar usurpó de la carena,
cuerda refleja, reportado aviso
de dictamen remiso,
que en su operación misma reportado
más juzgó conveniente
a singular asumpto reducirse,
o separadamente
una por discurrir las cosas,
que viene a ceñirse
en las artificiosas
dos veces cinco son categorías.
Reducción metafísica que enseña
los erites concibiendo generales
en sólo unas mentales fantasías
donde de la materia se desdeña
el discurso abstraído,
ciencia a formar de los universales,
reparando advertido,
con el arte el defecto
de no poder con un intuitivo
conocer acto todo lo criado,
sino que haciendo escala de en concepto
en otro va ascendiendo grado a grado,
y el de comprehender orden relativo
sigue necesitado
de él -del entendimiento
limitado vigor- que a sucesivo
discurso fía su aprovechamiento,
cuyas débiles fuerzas la doctrina,
con doctos alimentos va esforzando,
y el prolijo, si blando
continuo curso de la disciplina,
robustos le van alientos infundiendo,
con que más animoso
el palio glorioso
del empeño más arduo altivo aspira
los altos escalones ascendiendo
en una ya, ya en otra cultivado,
facultad, hasta que insensiblemente
la honrosa cumbre mira
término dulce de su afán pasado,
de amarga siembra fruto al gusto grato,
que aun a largas fatigas fué barato,
y con planta valiente
la cima huella de su altiva frente.
De esta serie seguir mi entendimiento
el método quería
o del ínfimo grado
del ser inanimado
menos favorecido,
sino más desvalido,
de la segunda causa productiva
pasar a la más noble hierarquía,
que en vegetable aliento
primogénito es, aunque grosero,
de Temis el primero,
que a sus fértiles pechos maternales
con virtud atractiva,
los dulces apoyó manantiales
de humor terrestre, que a su nutrimiento
natural es dulcísimo alimento.
Y de cuatro adornada operaciones
de contrarias acciones
ya atrae, ya segrega diligente
lo que no serle juzga conveniente;
ya lo superfluo expele y de la copia
la substancia más útil hace propia.
Y esta ya investigada
forma inculcar más bella de sentido adornada;
y aun más que de sentido de aprehensiva
fuerza imaginativa,
que justa puede ocasionar querella
cuando afrenta no sea,
de la que más lucida centellea
inanimada estrella,
bien que soberbios brille resplandores,
que hasta a los astros puede superiores,
aun la menor criatura, aun la más baja,
ocasionar envidia, hacer ventaja.
Y de este corporal conocimiento
haciendo -bien que escaso- fundamento
el supremo pasar maravilloso
compuesto triplicado
de tres acordes líneas ordenado
y de las formas todas inferiores
compendio misterioso;
bisagra engazadora
de la que más se eleva entronizada
naturaleza pura
y de la que criatura
menos noble se ve más abatida
-no de las cinco solas adornada
sensibles facultades-
mas de las interiores
que tres rectrices son ennoblecida
que para ser señora
de las demás, no en vano
la adornó sabia poderosa mano,
fin de sus obras, círculo que cierra
la esfera con la tierra;
última perfección de lo criado
y último de su Eterno Autor agrado;
en quien con satisfecha complacencia
su inmensa descansó magnificencia:
fábrica portentosa
que cuanto más altiva al cielo toca
sella el polvo la boca
de quien ser pudo imagen misteriosa
la que Aguila Evangélica, sagrada
visión en Patmos vio que las estrellas
midió y el cielo con iguales huellas;
o la estatua eminente
que del metal mostraba más preciado
la rica altiva frente
y en el más desechado
material flaco fundamento hacia
con que a leve vaivén se deshacía;
el hombre, digo, en fin, mayor portento
que discurre el humano entendimiento,
compendio que absoluto
parece al ángel, a la planta, al bruto,
cuya altiva bajeza
toda participó naturaleza.
¿Porqué? Quizá porque más venturosa
que todas, encumbrada,
a merced de amorosa
unión sería. ¡Oh aunque repetida,
nunca bastante bien sabida
merced! pues, ignorada,
en lo poco apreciada
parece o en lo mal correspondida.
Estos, pues, grados discurrir quería
unas veces, pero otras disentía
excesivo juzgando atrevimiento
el discurrirlo todo.
Quien aun la más pequeña,
aun la más fácil parte no entendía
de los más manuales
efectos naturales;
quien de la fuente no alcanzó risueña
el ignorado modo
con que el curso dirige cristalino
deteniendo en ambages su camino,
los horrorosos senos
de Plutón, las cavernas pavorosas
del abismo tremendo,
las campañas hermosas,
los Elíseos amenos,
tálamo ya de su triforme esposa,
clara pesquisidora registrando,
útil curiosidad aunque prolija,
que de su no cobrada bella hija
noticia cierta dio a la rubia diosa,
cuando montes y selvas trastornando,
cuando prados y bosques inquiriendo,
su vida va buscando
y del dolor su vida iba perdiendo;
quien de la breve flor aun no sabía
por qué ebúrnea figura
circunscribe su frágil hermosura;
mixtos por qué colores
confundiendo la grana en los árboles
fragante le son gala;
ámbares por qué exhala
y el leve, si más bello
ropaje al viento explica
que en una y otra fresca multiplica
hija, formando pompa escarolada
de dorados perfiles cairelada,
que roto del capillo el blanco sello
de dulce herida de la cipria diosa
los despojos ostenta jactanciosa,
si ya el que la colara,
candor al alba, púrpura al aurora,
no le usurpo y, mezclado,
purpúreo es ampo, risicler nevado,
tornasol que concita
los que del prado aplausos solicita,
preceptor quizá vano,
si no ejemplo profano
de industria femenil que el más activo
veneno hace dos veces ser nocivo
en el velo aparente
de la que finge tez resplandeciente;
pues si a un objeto sólo, repetía
tímido el pensamiento,
huye el conocimiento
y cobarde el discurso se desvía,
si a especie segregada
como de las demás independiente,
como sin relación considerada,
da las espaldas el entendimiento
y asombrado el discurso se espeluza
del difícil certamen que rehusa
acometer valiente
porque teme cobarde
comprehenderlo o mal o nunca o tarde.
¿Cómo en tan espantosa
máquina inmensa discurrir pudiera,
cuyo terrible incomportable peso
si ya en su centro mismo no estribara,
de Atlante a las espaldas agobiara,
de Alcídes a las fuerzas excediera;
y el que fue da la esfera
bastante contrapeso,
pesada manos, menos poderosa
su máquina juzgara que la empresa
de investigar a la naturaleza?
Otras, más esforzado,
demasiada acusaba cobardía,
el laudo antes ceder que en la lid dura
haber siquiera entrado,
y al ejemplar osado
del claro joven la atención volvía,
-auriga altivo del ardiente carro-
y el, si infeliz, bizarro
alto impulso al espíritu encendía
donde el ánimo halla,
más que el temor ejemplos de escarmiento,
abiertas sendas al atrevimiento
que una ya ves trilladas no hay castigo
que intento baste a renovar segundo;
segunda ambición, digo,
ni el panteón profundo
cerúlea tumba a su infeliz ceniza,
ni el vengativo rayo fulminante
mueve por más que avisa
al ánimo arrogante
que el vivir despreciando determina
su nombre eternizar en su ruina;
tipo es antes modelo
ejemplar pernicioso
que alas engendra a repetido vuelo
del ánima ambicioso,
que del mismo terror haciendo halago
que el valor lisonjea,
las glorías deletrea
entre los caracteres del estrago.
O el castigo jamás se publicara,
porque nunca, el delito se intentara,
político silencioso antes rompiera
los autos del proceso
circunspecto estadista,
o en fingida ignorancia simulara,
o con secreta pena castigara
el insolente exceso,
sin que a popular vista
el ejemplar nocivo propusiera;
que del mayor delito la malicia
peligra en la noticia
contagio dilatado trascendiendo,
que singular culpa sólo siendo,
dejara más remota a lo ignorado
su ejecución, que no a lo escarmentado.
Mas mientras entre escollos zozobraba,
confusa la elección, sirtes tocando
de imposibles en cuantos intentaba
rumbos seguir, no hallando
materia en que cebarse
el calor ya, pues su templada llama
(llama al fin, aunque más templada sea)
que si su activa emplea
operación, consume, si no inflama
sin poder excusarse
había lentamente
el manjar transformado
propia substancia de la ajena hacienda;
y el que hervor resultaba bullicioso
de la unión entre el húmedo y ardiente
en el maravilloso
natural vaso había ya cesado
(faltando el medio) y consiguientemente
los que de él ascendiendo
soporíferos, húmedos vapores,
el trono racional embarazaban
desde donde a los miembros derramaban
dulce entorpecimiento
a los suaves ardores
del calor consumidos,
Las cadenas del sueño desataban.
Y la falta sintiendo de alimento
los miembros extenuados
del descanso cansados,
ni del todo despiertos ni dormidos,
muestras de apetecer el movimiento
con tardos esperezos
ya daban, extendiendo
los nervios, poco a poco, entumecidos,
y los cansados huesos,
aun sin entero arbitrio de su dueño
volviendo al otro lado,
a cobrar empezaron los sentidos
dulcemente impedidos
del natural beleño
su operación los ojos entreabriendo.
Y del cerebro ya desocupado
los fantasmas huyeron
y como de vapor leve formado
en fácil humo, en viento convertida,
su forma resolvieron.
Así, linterna mágica, pintadas
representa Fingidas
en la blanca pared varias figuras
de la sombra no menos ayudaba
que de la luz que en trémulos reflejos
los competentes lejos
guardando de la docta perspectiva
en sus ciertas mensuras,
de varias experiencias aprobadas
la sombra fugitiva,
que en el mismo esplendor se desvanece,
cuerpo finge formado
de todas dimensiones adornado
cuando a un ser superficie no merece.
En tanto el padre de la luz ardiente
de acercarse al oriente
ya el término prefijo conocía
y al antípoda opuesto despedía
con trasmontantes rayos
que de su luz en trémulos desmayos
en el punto hace mismo su occidente,
que nuestro oriente ilustra luminoso.
Pero de venus antes el hermoso
apacible lucero
rompió el albor primero
y del viejo Titón la bella esposa,
amazona de luces mil vestida,
contra la noche armada,
hermosa si atrevida,
valiente aunque llorosa
su frente mostró hermosa
de matutinas luces coronada,
aunque tierno preludio, ya animoso
del planeta fogoso,
que venía las tropas reclutando
de bisoñas vislumbres,
las más robustas, veteranas, lumbres
para la retaguardia reservando
contra la que tirana usurpadora
del imperio del día,
negro laurel de sombras mil ceñía
y con nocturno cetro pavoroso
las sombras gobernaba,
de quien aun ella misma se espantaba.
Pero apenas la bella precursora
signífera del sol, el luminoso
en el oriente tremoló estandarte,
tocando alarma todos los suaves
si bélicos clarines de las aves,
diestros -aunque sin arte-
trompetas sonorosos,
cuando, como tirano al fin, cobarde
de recelos medrosos
embarazada, bien que hacer alarde
intentó de sus fuerzas, oponiendo
de su funesta capa los reparos,
breves en ella, de los tajos claros
heridas recibiendo,
bien que mal satisfecho su denuedo,
pretexto mal formado fue del miedo,
su débil resistencia conociendo,
a la fuga ya casi cometiendo
más que a la fuerza, el medio de salvarse,
ronca tocó bocina
a recoger los negros escuadrones
para poder en orden retirarse,
cuando de más vecina
plenitud de reflejos fué asaltada,
que la punta rayó más encumbrada
de los del mundo erguidos torreones.
Llegó en efecto el sol cerrando el giro
que esculpió de oro sobre azul zafiro
de mil multiplicados
mil veces puntos, flujos mil dorados,
líneas, digo, de la luz clara salían
de su circunferencia luminosa,
pautando al cielo la cerúlea plana
y a la que antes funesta fué tirana
de su imperio, atrapadas embestían
que sin concierto huyendo presurosa
en sus mismos horrores tropezando
su sombra iba pisando
y llegar al ocaso pretendía
con él sin orden ya, desbaratado
ejército de sombras, acosado
de la luz de la luz que el alcance le seguía.
Consiguió al fin, la vista del ocaso
el fugitivo paso
y en su mismo despeño recobrada
esforzando el aliento de la ruina,
en la mitad del globo que ha dejado
el sol desamparado,
segunda vez rebelde determina
mirarse coronada,
mientras nuestro hemisferio la dorada
ilustraba del sol madeja hermosa,
que con luz juiciosa
de orden distributivo, repartiendo
a las cosas visibles sus colores
iba restituyendo
entera a los sentidos exteriores
su operación, quedando a la luz más cierta
el mundo iluminado, y yo despierta.

Sor Juana Inés de la Cruz

Palabreo del Chamán

Soy la voz del piapoco en la rama, mi paso es el paso del lagarto y del jaguar.
Mis ojos miran a lo lejos, traspasan la selva y llegan al corazón de la tierra.
Mis amigos son los ardientes cunaguaros, las veloces ardillas, las lánguidas iguanas.
Mi canto es el canto del torrente, que arrastra flores y ramas en la espesura.
Piso como la danta, como el picure.
Veo en el aire rostros desconocidos, flores y truenos, tengo el signo de la flor y el canto.
Soy piedra y latido, soy rugido de fiera en la noche, compás de lluvia en la arena.
Mis cabellos flotan sobre el río, soy brillo de luciérnagas entre la hojarasca.
Pertenezco a la selva, traigo palabras de unión y fuerza, de aliento y esperanza.
Están escritas en fuego y sangre nuestras lenguas, nuestras voces perviven en el aire, resuenan a través de los siglos.
Nuestra fuerza está en la tierra y la unión con ella,
nuestro vigor está en nuestros cantos, en nuestras flautas, en nuestros pasos a través de los árboles.
Cantemos juntos, dancemos juntos,´
hablemos a las flores, a los animales, a los ríos.
Todos permaneceremos, cada día seremos más fuertes,
Creceremos como la hierba, como el bejuco silvestre,
entibiaremos la tierra con calor de sol.

Marisa Vannini de Gerulewicz. El Chamán de los Cunaguaros

Celebración de la subjetividad

Yo ya llevaba un buen rato escribiendo Memoria del Fuego, y cuanto más escribía más adentro me metía en las historias que contaba. Ya me estaba costando distinguir el pasado del presente: lo que había sido estaba siendo, y estaba siendo a mi alrededor, y escribir era mi manera de golpear y de abrazar. Sin embargo, se supone que los libros de historia no son subjetivos.

Se lo comenté a don José Coronel Urtecho: en este libro que estoy escribiendo, al revés y al derecho, a luz y a trasluz, se mire como se mire, se me notan a simple vista mis broncas y mis amores.

Y a orillas del río San Juan, el viejo poeta me dijo que a los fanáticos de la objetividad no hay que hacerles ni puto caso:

—No te preocupés —me dijo—. Así debe ser. Los que hacen de la objetividad una religión, mienten. Ellos no quieren ser objetivos, mentira: quieren ser objetos, para salvarse del dolor humano.

Eduardo Galeano. El Libro de los Abrazos

El origen de las especies

 Que toda la vida de la tierra
 venga de una sola célula: 
                              el gran misterio
 De un solo antepasado todos
 un universo creándose todavía
 una como vaca se metió al mar
 y fue ballena
            ¿Pez o mamífero?
            O mamífero y pez
 Para Linneo un mamífero
 con corazón y pulmones
 y pestañas que se mueven
 pero con hábitos acuáticos
   Por la adaptación al medio
                gradualmente
                            otra especie
 aletas de pescado pasan
 a patas de invertebrados
                    por qué uno es loro
                    y el otro es tigre
 un tiempo no hubo cerebro
 y ahora son billones
 no había una hoja
 ahora todo es verde
       De una sola célula
                      árboles animales tú
                           todos hermanos
     todos somos una modificación de otro
     el ala de ave fue pata de dinosaurio
 pero los órganos complejos
 proceden de pequeños cambios
      las aletas poco a
      poco se hacen pies
             “evolucionar” quiere decir
             desenrollar un pergamino
      y no podemos cambiar de dirección
 De tan simple origen
 infinidad de formas
 caminan reptan corren brincan nadan vuelan
 el misterio de esa variedad de vida
 todos del mismo antepasado
             La función crea la forma
             y funciones similares
             producen similares formas
 Algas microscópicas
 ahora árboles inmensos
 las agallas se hacen alas
 y volaron los artrópodos

 El cosmos es selección natural
       y algún azar
               (no habría evolución
                si todo fuera azar
                o si ningún azar hubiera)
 Nos parecemos tanto
 que en realidad somos
 variaciones del mismo tema
 nuestra cabeza es de gusano
 o “todos somos tiburones modificados”
 el proceso digestivo de un elefante
 idéntico al de una bacteria
 los dientes con que como una langosta
 son como los de la langosta
 Insecto ave reptil lirio Einstein
 como toda transición es lenta
 toda especie parece sin transición
 pero toda vida es una sola vida
 y en ella hay una sola Encarnación
 El mismo ADN en común
 con todos los animales
         y nuestras manos y pies
         de pez anfibio y reptil
 todo salido del Big Bang
 cosmos no acabado todavía
 y cada día es el Big Bang
             continúa la creación-evolución
             alejándonos cada vez más de la nada
 un puñado de células pasan
  a ser pájaro que vuela

 Darwin en las 600 páginas
 de El origen de las especies
 habla de las modificaciones
 de las especies no el origen
 el origen es un misterio
        el de la frágil pequeñita vida
        en la inmensidad de mundos muertos
 ¿Existe una especie especial
 con un especial destino?
 ¿Destino que es Dios-evolución
 un Dios que dejó la eternidad
 y ha entrado en el tiempo
 y es futuro?

              El futuro infinito llamado Dios
              un Dios que es Dios de novedad
              la infinita novedad de la evolución
              evolución contra el statu quo
              que tanto quieren los banqueros
 La vida salió a tierra
 y empezó a andar
 peces resbalosos
 apoyados en aletas
      como muletas
                         del límite acuático
                         al aire ilimitado
 al secarse una poza
      se sobrevive
 andando a otra poza
                 y las aletas se hicieron patas

 El gran misterio de la vida
 tener todos el mismo origen
 y que cuerpos tan diferentes
 procedan de un
 a sola célula
 parientes todas las especies
             de las orquídeas a las lombrices
             bacteria gradualmente dinosaurio
             luego el dinosaurio se volvió ave
             también nuestro ancestro molusco
                             Sólo hay un animal
 En un universo cuántico no local
 donde estamos interconectados
 a pesar de distancias inmensas
                          Será la aniquilación
                          el final del universo?

 La evolución nos une a todos
 vivos y muertos
 Lo que Darwin descubrió
            (el que venimos de una sola célula)
 es que estamos entrelazados
              si uno resucita
              resucitan todos

Ernesto Cardenal

Marzo

Tarde de humo y serpientes en llamas
un grano del reloj de arena estalla el vidrio
se suspende mi mundo entre dos gritos:

desconsuelo de mi madre
indolencia de cualquiera

en el medio yo
haciéndome nada con todos
el corazón líquido
un océano de tristeza
difundiendo vida
en azules acuarelas

Recuerdo tu momento de mayor locura
mencionando un sol índigo
que enciende historias olvidadas
-historias necesarias-
del fuego sagrado en el alma
para sacar de la oscuridad
la dimensión femenina
fuerza de los frágiles
arte de dedicar poemas, cartas y libros
valentía para decir la verdad a quien sea
orgullo de ser yo mismo
venezolano, latinoamericano, un ser humano

¿Sabes algo?
en ti siempre se reflejó
la guitarra soñadora de mi padre
y en esa madera brillante tú también te reflejaste

Y lo juro
ayer pude verte pasar
frente a la fila de próceres
con la emoción de un cuento
que hace mucho tiempo
vi condensarse en niebla
esa niebla en minerales
el mineral en estatuas
esas estatuas en sangre
la sangre en unos latidos
y los latidos en carne
la carne en consciencia viva
la vida en algo palpable
un mito que me has legado
con un final memorable:

se cuadraron en tu honor
los mismísimos inmortales

Ahora me toca a mí escribir la segunda parte

luego te sentí ascender
explotar en supernova
llover en hermandad
dejarnos una dulce estela de paz

Hoy las lágrimas riegan mi jardín de cristal
Mañana lo volverán tricolor cuando te sienta pasar

Líneas para siempre recordar lo que me diste con la historia de tu vida.

Hugo Chávez, inspiración eterna. Gracias. Hasta la victoria siempre, Comandante.

Madrugada del 7 de Marzo de 2013.

El Colibrí

Al alba, saluda al sol. Cae la noche y trabaja todavía. Anda zumbando de rama en rama, de flor en flor, veloz y necesario como la luz. A veces duda, y queda inmóvil en el aire, suspendido; a veces vuela hacia atrás, como nadie puede. A veces anda borrachito, de tanto beber las mieles de las corolas. Al volar, lanza relámpagos de colores.

Él trae los mensajes de los dioses, se hace rayo para ejecutar sus venganzas y sopla las profecías al oído de los augures. Cuando muere un niño guaraní, le rescata el alma, que yace en el cáliz de una flor, y la lleva, en su largo pico de aguja, hacia la Tierra sin Mal. Conoce ese camino desde el principio de los tiempos. Antes de que naciera el mundo, él ya existía: refrescaba la boca del Padre Primero con gotas de rocío y le calmaba el hambre con el néctar de las flores.

Él condujo la larga peregrinación de los toltecas hacia la cuidad sagrada de Tula, antes de llevar el calor del sol a los aztecas.

Como capitán de los chontales, planea sobre los campamentos enemigos, les mide la fuerza, cae en picada y da muerte al jefe mientras duerme. Como sol de los kekchíes, vuela hacia la luna, la sorprende en su aposento, y le hace el amor.

Su cuerpo tiene el tamaño de una almendra. Nace de un huevo no más grande que un frijol, dentro de un nido que cabe en una nuez. Duerme al abrigo de una hojita.

Eduardo Galeano. Memoria del Fuego I: Los nacimientos.