Parque

Rodeado de frío y verde, camino en un parque. Queriendo que los tres seamos un continuo. Dicen que lo somos, a veces lo he sentido, pero se me olvida. Anochece. Miro a los lados: árboles espaciados a la izquierda, montañas habitadas a la derecha. De estas casitas a lo lejos salen luces amarillas que arropan sus alrededores y dan una hermosa calidez a los blancos multiplicados de las paredes que se ven en la montaña. Los colores hacen que la escena parezca de juguete. Se lo atribuyo a la saturación visual de mirar concreto, pantallas y avisos publicitarios la mayoría del tiempo.

Se estira el instante y encuentro la sensación de fluir con la caminata. Simplemente estar ahí, me produce bienestar. Tratar de abarcar el todo con la respiración, cómo si se tratara de un par de brazos. El abrazo tiene tanto de pregunta como de agradecimiento, y se muere al segundo, con cada espiración. Juego del gato y el ratón que nunca termina, pienso.

Para eso estamos, para el eterno movimiento, me respondo. El impulso de respirar/abarcar/conocer el todo no está separado de lo que sea que somos, ni del parque, ni del verde, ni de las luces ni de la montaña, ni de la lluvia que empezó a caer. A veces este saber es parte mía, otras veces no está, y busco de nuevo el parque…

Aullido

Tienes que querer quemarte a ti mismo en tu propia llama: ¡cómo te renovarías si antes no te has convertido en ceniza!

Nietzsche – del Camino del Creador, Así Habló Zaratustra

Encontrar esa llama y arder en azules, naranjas, violetas. Saltar a colores pertenecientes a espectros aún desconocidos. La sorpresa espera, viene con la vida. Escuchar lenguajes olvidados, revitalizarlos con el atrevimiento de crear. Hacer de la respiración y los sentidos un tejido dinámico, hecho de todos los tiempos. Reconocer la voz verdadera de entre las demás, darle forma y carácter, para pensar, comunicar, intercambiar, adversar: amar. Nada es incorrecto, porque todo está dentro del círculo.

Pedirle a la luna que con su luz helada, con su sabiduría de vieja que tanto ha visto, que abra mis sentidos a lo verdaderamente importante: lo que hace que me vuelva tan ligero, tan ligera, que soy elementos y fluyo. Ser elegante reencontrando posibilidades.

Poner belleza con las manos en el cosmos. Atento, atenta: está ahí, al alcance del corazón y de todos los sentidos.

Vuelta de espiral

De regreso a las letras para compartir. Dejé de tener noches silenciosas para escribir, se fueron transformando en cotidianidad, luego en sostenidos intentos de despertar en mis manos la habilidad para la música y el arte visual, y finalmente en el camino que me llevó a conocer, enamorarme y andar la vida junto a mi esposa.

Ahora vivo en una hermosa ciudad montañosa. Este lugar me regala noches tranquilas forradas de nubes tan densas que el cielo se pone rosado y los vidrios del ventanal a mi lado izquierdo se empañan como una botella de cerveza fría. Estoy rodeado de naturaleza comunicándose en el idioma de los sentidos. Por ejemplo, ya ha puesto a la vista dos escorpiones en la casa para recordarme que todas las formas de vida reclaman sus espacios.

Para dibujar bien, me ha tocado dibujar mal incontables veces hasta que la mano capta la tarea. El impulso ineludible que me lleva a creer que se pueden develar mundos nuevos a través de las letras, sólo podría materializarlo nadando en el mar de las palabras, no mirándolas desde la orilla. Entonces aquí estoy para intentarlo de nuevo, en una vuelta de espiral.

Domingo lluvioso en la noche

No tiene sentido describir lo que es un domingo lluvioso en la noche
a un domingo lluvioso en la noche.

Él ya sabe lo que es.

Conoce que el fondo de nubes que inunda mi ventana me arropa.

Observa que en mi paz está el sentir a mi madre en calma
o a mi abuelo escuchar música clásica desde su sillón.

Hace el canto de los grillos y de las ranas
tan definido como el borde de una gota de rocío sobre una hoja.

Sabe desplegarse como una alfombra
para que mi corazón pueda sentarse a meditar.

Juega a hacer sonar la radio mejor,
a volver más verde la grama de un estadium de beisbol,
a convertir el silencio en algo respirable,
a que la claridad sea su niña…

Todo eso lo hace. Y algunas cosas más.

Abre el espacio para que las notas de una guitarra eléctrica
quiebren el vacío como se quebraría un vidrio
y todos los pedazos encajasen en mí
como las piezas de un rompecabezas.

(Pink Floyd suena mejor que nunca cuando es domingo en la noche y llueve).

La explicación entonces, no es para él.

Es para ti, que por elegante casualidad,
un domingo lluvioso en la noche, me lo has preguntado.

Para Ysa.

Liliana está despierta

Hoy miro por la ventana
y encuentro paz en las nubes…

En su volverse violeta
y en mi volverme como ellas
celebro la vida en letras:

Liliana está despierta

Su ojos sólo requieren
témperas azul y rosa
para brillar como agua
rociada de mariposas

Liliana está despierta

Y yo la acuné en mis brazos
susurrándole el planeta
contándole de ranitas
lluvias, tambores y estrellas
con toda mi fé en su lucha
liberándome en su pena

(me prometo que algún día
seré de algodón como ella)

Mientras, voy a mi sueños
alegría hecha certeza
porque sonrió cuando dije

que Liliana está despierta

Hablando conmigo mismo

Me hablo en mis sinceridades. Me escribo en una solitaria noche. Me acerco a mi propio ser desde mi propia respiración clara, desde mi propia oscuridad, desde mis propias dudas. Me veo al espejo, esperando lo mejor o lo peor, pero siempre manteniendo la mirada.

Estando ahí, me creo, me acepto, me sueño, me dibujo, me siento, me admiro, me aprecio, me evalúo…

Me quiero, me empiezo a escuchar.

Me reconozco como expresor de sensaciones y tardes de lluvia tenues.