Vuelta de espiral

De regreso a las letras para compartir. Dejé de tener noches silenciosas para escribir, se fueron transformando en cotidianidad, luego en sostenidos intentos de despertar en mis manos la habilidad para la música y el arte visual, y finalmente en el camino que me llevó a conocer, enamorarme y andar la vida junto a mi esposa.

Ahora vivo en una hermosa ciudad montañosa. Este lugar me regala noches tranquilas forradas de nubes tan densas que el cielo se pone rosado y los vidrios del ventanal a mi lado izquierdo se empañan como una botella de cerveza fría. Estoy rodeado de naturaleza comunicándose en el idioma de los sentidos. Por ejemplo, ya ha puesto a la vista dos escorpiones en la casa para recordarme que todas las formas de vida reclaman sus espacios.

Para dibujar bien, me ha tocado dibujar mal incontables veces hasta que la mano capta la tarea. El impulso ineludible que me lleva a creer que se pueden develar mundos nuevos a través de las letras, sólo podría materializarlo nadando en el mar de las palabras, no mirándolas desde la orilla. Entonces aquí estoy para intentarlo de nuevo, en una vuelta de espiral.