De un cielo a otro semejante pasan los soñadores

Dejamos nuestra infancia a la
mariposa cuando dejamos
un poco de aceite en los peldaños,
pero olvidamos saludar a nuestra hierbabuena,
olvidamos saludar furtivamente a nuestro mañana
tras nosotros.
La tinta del mediodía sería blanca si no estuviera
el libro de la mariposa en torno nuestro.

Mariposa, fiel a ti misma, sé como quieras,
antes y después de mi nostalgia.
Deja que sea tu ala y que mi locura viva
conmigo cálida.
Mariposa, madre de ti misma, no me abandones
a la suerte que me destinan.
No me abandones.

De un cielo a otro semejante, pasan los soñadores,
séquito de la mariposa, portando espejos de agua.
Nosotros podemos ser como anhelamos.
De un cielo a otro semejante
pasan los soñadores.

La mariposa teje con la aguja de luz
los atavíos de su comedia.
La mariposa nace de sí misma
y danza en el fuego de su tragedia.

Mitad Fénix. Lo que le ha rozado nos roza.
Una semejanza agazapada ente luz y fuego,
entre dos caminos.
No. Nuestro amor no es descuido ni sabiduría.
Siempre así, así…así.
De un cielo a otro semejante
pasan los soñadores.

La mariposa es agua que ansía volar.
Se escapa del sudor de las muchachas y crece
en la nube de los recuerdos.
La mariposa no declama el poema,
es tan ligera que rompe las palabras
como rompen los sueños los soñadores.

Mahmoud Darwish (Palestina).

Hablando conmigo mismo

Me hablo en mis sinceridades. Me escribo en una solitaria noche. Me acerco a mi propio ser desde mi propia respiración clara, desde mi propia oscuridad, desde mis propias dudas. Me veo al espejo, esperando lo mejor o lo peor, pero siempre manteniendo la mirada.

Estando ahí, me creo, me acepto, me sueño, me dibujo, me siento, me admiro, me aprecio, me evalúo…

Me quiero, me empiezo a escuchar.

Me reconozco como expresor de sensaciones y tardes de lluvia tenues.