Aurora

Sentado bajo una aurora del norte
ante un manantial circular
entre colinas sin fin arropadas de grama

Cierro los ojos

Traigo el recuerdo aún no vivido
de una noche gélida del altiplano
donde lo invisible se respira como hilos

Siento a una fina mujer agarena
de hombros descubiertos, tímidos, perfectos
cortejando discreta detrás de un saludo

Al revivir la chispa interior, transformo

Los latidos de la palma de mi mano izquierda,
un camaleón miniatura sobre la punta de un fósforo,
toda la lluvia respirada,
la puntualidad de las mañanas,
la integridad de una vela blanca,
los cambios que no se notan,
los hielos eternos,
el rumor de un desierto de otros tiempos,
el sonido de mis pasos,
la imagen a lo lejos de una montaña,
la sonrisa de dos niños Tibetanos
y el nacimiento en una puesta de sol

En el trueno dulce de dos dedos
despertándome a la vida

Estás vivo
Estás viva

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Por el camino del sol

Miles de senderos me han prometido en mi recorrido. Entre todos esos, por el camino del sol elijo transitar. Lo he descubierto fraguándose en mi propio silencio, hasta convertirse en una espada de cristal. Me ayuda a decidir a cada instante entre mirar hacia la luz o permanecer sin opciones en mi propia oscuridad. Un destello en el cuerpo de la espada me lo recuerda cuando me hago de noche. Eso, y absorber su transparencia, su filo y su integridad  como extensiones de mi cuando vuelvo a ser el día. Confiándole mis pasos enteros al descubierto, voy tramando hilos de muchos colores, sustentados por algo sin nombre y sin cuerpo. Porque todo está hecho de sol. Me lo cuentan las ciencias, y algo que empiezo a descubrir en los ojos de los demás. Sabia naturalidad, geométrica, armónica y ordenada. Sencilla como la sonrisa de los niños más pequeños. Se sustenta en lo invisible que cae como cascada desde el río de la verdad. Detrás de su murmullo escucho latir a mi corazón. No hay diferencias entre eso y el ritmo de un tambor. Todo es música. Las melodías están presentes, basta detenerse a escuchar. En todo se percibe la elegante esencia vital. Huele a galaxias enteras, a miel, a limones, a fotones, a lo que hay entre una noche templada y una cálida mañana. Bailes entrelazados de frío y calor en el transcurrir de un segundo. Entonces pierdo ligeramente la atención. Me levanto y vuelvo a caminar. Sólo puedo aprender con honestidad. Sólo puedo agradecer con valentía. No sé nada y eso me libera. Cuando comprendo algo, doy una reverencia. Empiezo a sentir la presencia de mi voz interior. Por el camino del sol me voy convirtiendo en hombre, guiado por mi verdadero nombre, que está escrito allá arriba en las estrellas y aquí abajo en las curvas torneadas de una mujer hermosa al pasar.

La primera historia jamás narrada

Parte de una conversación con doña Laura, curandera del altiplano suramericano:

— Cuando el tiempo aún era joven, antes de la llegada de los cuatro patas y las plantas, la primera historia que se contó, nos la contó el Pueblo de las Piedras —decía—. Ésa es la razón de que hagamos un círculo de piedras alrededor del fuego.

Yo le imploraba que me contara más.

—Pregunta a las piedras—, respondía.

Hasta que un día, recordé.

Alberto Villoldo. Del libro: Chamán, sanador, sabio.

When I Heard the Learn’d Astronomer (Cuando escuché al astronomo erudito)

Cuando escuché al astrónomo erudito;
Cuando las pruebas, las figuras, se listaron en columnas ante mi;
Cuando me mostraron cartas y diagramas, para sumarlos, dividirlos y medirlos;
Cuando sentado escuchaba al astrónomo dando su clase con muchos aplausos en el salón,
Cuan inexplicablemente pronto me sentí cansado y enfermo;
Hasta levantarme  y escabullirme a vagar por mi cuenta
En el aire místico y humedo nocturno, y de vez en vez,
Observaba en perfecto silencio a las estrellas.

When I Heard the Learn’d Astronomer

When I heard the learn’d astronomer;
When the proofs, the figures, were ranged in columns before me;
When I was shown the charts and the diagrams, to add, divide, and measure them;
When I, sitting, heard the astronomer, where he lectured with much applause in the lecture-room,
How soon, unaccountable, I became tired and sick;
Till rising and gliding out, I wander’d off by myself,
In the mystical moist night-air, and from time to time,
Look’d up in perfect silence at the stars.

Walt Whitman. Leaves of grass (hojas de hierba), 1865.