Un día

Aquella tarde vuelve a mi memoria. De cuando en cuando el aguacero se atenúa; después, súbitamente, el latigazo de una ráfaga de viento vuelve a enardecerlo.

La habitación ha quedado en penumbra y no estoy de ánimo para trabajar. Mi mano busca el sitar, y con él toco una melodía de las lluvias.

Desde el cuarto contiguo, ella se acerca a la puerta y vuelve a retirarse.

Después entra, silenciosamente, y se sienta.

Trae en la mano una labor de aguja y, con la cabeza inclinada, se pone a coser.

Después de un rato la deja y, por la ventana, se queda mirando los árboles envueltos en la bruma.

La lluvia se ha detenido y yo he dejado de tocar. Ella se levanta y se retira: va a peinarse.

No ha sucedido nada; nada más que una tarde hecha de lluvia y música , de oscuridad e indolencia.

La historia está atestada de relatos de emperadores, de crónicas de guerras y revoluciones. Pero el minúsculo incidente de una tarde está oculto como una joya preciosa en el cofre del tiempo. Solamente dos personas saben de él.

Rabindranath Tagore. Lipika.

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