Grande, Chico

Estaba recordando el 50, qué año dios mío.

Un día llegué al campo de entrenamiento de los medias blancas de Chicago, en Pasadena. Estoy allí una mañana de mucho sol y veo acercarse un grupo. Vienen unas muchachas muy lindas, unos tipos de flux, unos fotógrafos.

Llegan hasta donde estoy y alguien me dice que esas muchachas son modelos y que vienen a hacerse unas fotografías con los peloteros. Yo, encantado. No hay mucho que hacer. Una de las poses me exige pararme detrás de una rubia y abrazarla.

Ella es bajita. Muy delgada. Se pone contra mi pecho y yo la estrecho entre mis brazos. Bajo la mirada y veo que no lleva sostén, sólo la blusa, una cotica de verano. Qué cosa tan linda, pienso. Y aparezco en la fotografía mirando sus pechos rosaditos, todavía los recuerdo.

Después supe que la modelo era muy fanática del beisbol, una mujer tan delicada como sus senos. En varias ocasiones salimos en grupo, ella era muy tímida, muy dulce. El año siguiente coincidimos en la casa de Ava Gardner, en Hollywood, y mientras Ava Gardner fumaba y se reía con los peloteros, ella permanecía alejada como si no supiera donde ponerse.

La recuerdo con mucho cariño, tratando de hablar español conmigo. Mira cómo dice la palabra Venezuela, le decía yo a Beto Ávila, el pelotero mexicano, él salía con nuestro grupo y también la conocía.

Tiempo después se casó con uno de nosotros. Se llamaba Marilyn Monroe.

Alfonso “Chico” Carrasquel. Del libro Alfonso “Chico” Carrasquel. Con la V en el pecho.

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