Cosas simples

A veces,
para alejar una tristeza
no se necesitan proezas

bastan

una taza de té,
galletas,
chocolate

y mirar el sol de la tarde.

A veces,
para encantar a una dama
no se necesitan tramas

bastan

ella,
tú,
apreciar su belleza

y del resto se encarga la naturaleza.

A veces,
para escribir un poema
no se necesitan temas

bastan

la vida,
las manos,
las ganas

y las letras juegan solas como hermanas.

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La vida todos, la vida una

He leído
que la suerte de los poetas es oscura
mueren solos e incomprendidos
y demás cantidades de basura

si a mi me preguntan
todos somos poetisas o poetas

todo comienza con una sospecha
la de estar viviendo en una pecera
la de sentir el alma estrecha
por una prisión invisible
que deseas ver deshecha

luego, dentro se estremece algo
palabras detrás de palabras
tu rostro reflejado en un lago
un sol que te mira fijo y te dice:

observador y observado, lo mismo

presencia
es lo sagrado del acto

al menos, puede encenderlo:

_ alguien
_ la vía láctea derramada
sobre una noche fría
_ un aroma que casi tocas
_ o la música de corazones
vibrando en compañía

quizás recrees mundos olvidados
con árboles nuevos sobre verdes colinas
que regalan frutos salvajes
de colores nunca vistos
y secretos que despojan
las emociones de ropajes
mostrando todo como es:

un carrusel de mil matices
donde el cuerpo es sólo un carruaje

cuando la sospecha cristaliza
y tu jaula transparente se agrieta
no hay vuelta atrás
eres poetisa, eres poeta
tanto como todos somos a la vez
humanos, ángeles y demonios
posados en el aquí como cornisa

tu suerte la forjas en frío
entre el día naciente y la noche madura
tus letras están hechas de la luz más pura
nunca mueres solo, nunca mueres sola
la vida todos, la vida una
sólo cambias con este mundo
que es a la vez ataúd y cuna

Grande, Chico

Estaba recordando el 50, qué año dios mío.

Un día llegué al campo de entrenamiento de los medias blancas de Chicago, en Pasadena. Estoy allí una mañana de mucho sol y veo acercarse un grupo. Vienen unas muchachas muy lindas, unos tipos de flux, unos fotógrafos.

Llegan hasta donde estoy y alguien me dice que esas muchachas son modelos y que vienen a hacerse unas fotografías con los peloteros. Yo, encantado. No hay mucho que hacer. Una de las poses me exige pararme detrás de una rubia y abrazarla.

Ella es bajita. Muy delgada. Se pone contra mi pecho y yo la estrecho entre mis brazos. Bajo la mirada y veo que no lleva sostén, sólo la blusa, una cotica de verano. Qué cosa tan linda, pienso. Y aparezco en la fotografía mirando sus pechos rosaditos, todavía los recuerdo.

Después supe que la modelo era muy fanática del beisbol, una mujer tan delicada como sus senos. En varias ocasiones salimos en grupo, ella era muy tímida, muy dulce. El año siguiente coincidimos en la casa de Ava Gardner, en Hollywood, y mientras Ava Gardner fumaba y se reía con los peloteros, ella permanecía alejada como si no supiera donde ponerse.

La recuerdo con mucho cariño, tratando de hablar español conmigo. Mira cómo dice la palabra Venezuela, le decía yo a Beto Ávila, el pelotero mexicano, él salía con nuestro grupo y también la conocía.

Tiempo después se casó con uno de nosotros. Se llamaba Marilyn Monroe.

Alfonso “Chico” Carrasquel. Del libro Alfonso “Chico” Carrasquel. Con la V en el pecho.