Crecer. Saberme mortal y en esa realización, respirar la vida.

Presiento mutaciones, porque ya las he sido antes. Mi pasado proyecta en líneas mi presente. Mi presente sopla y nace mi futuro. El devenir mira atrás, y todo vuelve a comenzar.

Respondo a las tenues señales de la danza externa, siendo hoja, siendo música, siendo instrumento de lo elevado.

Miro a la humanidad a la cara. Ese barro es lo único que necesitamos para ser vasijas, y no necesitamos ser mas nada.

Contemplo, como un grillo, de puntas en la grama.

Goteo pensamientos, y en sus reflejos me recuerdo siempre diferente, siempre esencia cambiante.

Abrazo la materia, porque un árbol sin suelo, no crece.

Mantengo a la vista la brújula del sonido.

La guía, en resumen, es la verdadera belleza.

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Voy caminando por una calle cerca de mi casa, y escucho detrás de mi un potecito de plástico siendo pateado varias veces. Pensé que era un niño, pero al voltear me doy cuenta que es una señora como de setenta años que venía jugando fútbol muy concentrada. Sin tiempo de nada, recibo pase a los pies y la oportunidad de anotar. Después de celebrar el gol con la señora, me dice, con un lindo acento de montaña “La jugada la armé yo, pero el que tenía que hacer el gol era usted, mijo”.

Así somos los latinoamericanos.

Parque

Rodeado de frío y verde, camino en un parque. Queriendo que los tres seamos un continuo. Dicen que lo somos, a veces lo he sentido, pero se me olvida. Anochece. Miro a los lados: árboles espaciados a la izquierda, montañas habitadas a la derecha. De estas casitas a lo lejos salen luces amarillas que arropan sus alrededores y dan una hermosa calidez a los blancos multiplicados de las paredes que se ven en la montaña. Los colores hacen que la escena parezca de juguete. Se lo atribuyo a la saturación visual de mirar concreto, pantallas y avisos publicitarios la mayoría del tiempo.

Se estira el instante y encuentro la sensación de fluir con la caminata. Simplemente estar ahí, me produce bienestar. Tratar de abarcar el todo con la respiración, cómo si se tratara de un par de brazos. El abrazo tiene tanto de pregunta como de agradecimiento, y se muere al segundo, con cada espiración. Juego del gato y el ratón que nunca termina, pienso.

Para eso estamos, para el eterno movimiento, me respondo. El impulso de respirar/abarcar/conocer el todo no está separado de lo que sea que somos, ni del parque, ni del verde, ni de las luces ni de la montaña, ni de la lluvia que empezó a caer. A veces este saber es parte mía, otras veces no está, y busco de nuevo el parque…

Aullido

Tienes que querer quemarte a ti mismo en tu propia llama: ¡cómo te renovarías si antes no te has convertido en ceniza!

Nietzsche – del Camino del Creador, Así Habló Zaratustra

Encontrar esa llama y arder en azules, naranjas, violetas. Saltar a colores pertenecientes a espectros aún desconocidos. La sorpresa espera, viene con la vida. Escuchar lenguajes olvidados, revitalizarlos con el atrevimiento de crear. Hacer de la respiración y los sentidos un tejido dinámico, hecho de todos los tiempos. Reconocer la voz verdadera de entre las demás, darle forma y carácter, para pensar, comunicar, intercambiar, adversar: amar. Nada es incorrecto, porque todo está dentro del círculo.

Pedirle a la luna que con su luz helada, con su sabiduría de vieja que tanto ha visto, que abra mis sentidos a lo verdaderamente importante: lo que hace que me vuelva tan ligero, tan ligera, que soy elementos y fluyo. Ser elegante reencontrando posibilidades.

Poner belleza con las manos en el cosmos. Atento, atenta: está ahí, al alcance del corazón y de todos los sentidos.

Vuelta de espiral

De regreso a las letras para compartir. Dejé de tener noches silenciosas para escribir, se fueron transformando en cotidianidad, luego en sostenidos intentos de despertar en mis manos la habilidad para la música y el arte visual, y finalmente en el camino que me llevó a conocer, enamorarme y andar la vida junto a mi esposa.

Ahora vivo en una hermosa ciudad montañosa. Este lugar me regala noches tranquilas forradas de nubes tan densas que el cielo se pone rosado y los vidrios del ventanal a mi lado izquierdo se empañan como una botella de cerveza fría. Estoy rodeado de naturaleza comunicándose en el idioma de los sentidos. Por ejemplo, ya ha puesto a la vista dos escorpiones en la casa para recordarme que todas las formas de vida reclaman sus espacios.

Para dibujar bien, me ha tocado dibujar mal incontables veces hasta que la mano capta la tarea. El impulso ineludible que me lleva a creer que se pueden develar mundos nuevos a través de las letras, sólo podría materializarlo nadando en el mar de las palabras, no mirándolas desde la orilla. Entonces aquí estoy para intentarlo de nuevo, en una vuelta de espiral.

Los Estatutos del Hombre

Artículo I
Queda decretado que ahora vale la verdad.
Ahora vale la vida, y de manos dadas
marcharemos todos por la vida verdadera.

Artículo II
Queda decretado que todos los días de la semana,
inclusive los martes más grises,
tienen derecho a convertirse en mañanas de domingo.

Artículo III
Queda decretado que, a partir de este instante,
habrá girasoles en todas las ventanas,
y los girasoles tendrán derecho
a abrirse dentro de la sombra;
las ventanas deben permanecer, el día entero,
abiertas para el verde donde crece la esperanza.

Artículo IV
Queda decretado que el hombre
no precisará nunca más dudar del hombre.
Que el hombre confiará en el hombre
como la palmera confía en el viento,
como el viento confía en el aire,
como el aire confía en el campo azul del cielo.
Parágrafo único:
El hombre, confiará en el hombre
como un niño confía en otro niño.

Artículo V
Queda decretado que los hombres
están libres del yugo de la mentira.
Nunca más será preciso usar
la coraza del silencio ni la armadura
de las palabras.
El hombre se sentará a la mesa
con su mirada limpia, porque la verdad
pasará a ser servida antes del postre.

Artículo VI
Queda establecido, que durante diez siglos,
el lobo y el cordero pastaran juntos
y la comida de ambos tendrá el mismo gusto de aurora.
De acuerdo a lo soñado por el profeta Isaías.

Artículo VII
Por decreto irrevocable queda establecido
el reinado permanente de la justicia y de la claridad,
y la alegría será una bandera generosa
para siempre desplegada en el alma del pueblo.

Artículo VIII
Queda decretado que el mayor dolor
siempre fue y será siempre
no poder dar amor a quien se ama
y saber que es el agua
que da a la planta el milagro de la flor.

Artículo IX
Queda permitido que en el pan de cada día
tenga en el hombre la señal de su sudor.
Mas que sobre todo tenga siempre el caliente
sabor de la ternura.

Artículo X
Queda permitido a cualquier persona,
a cualquier hora de la vida,
el uso de traje blanco.

Artículo XI
Queda decretado, por definición,
que el hombre es un animal que ama
y que por eso es bello, mucho más
bello que la estrella de la mañana.

Artículo XII
Se decreta que nada será obligado
ni prohibido, todo será permitido,
inclusive jugar con los rinocerontes
y caminar por las tardes con una
inmensa begonia en la solapa.
Parágrafo único:
Sólo una cosa queda prohibida:
amar sin amor.

Artículo XIII
Queda decretado que el dinero
no podrá nunca más comprar
el sol de las mañanas que vendrán.
Expulso del gran baúl del miedo,
el dinero se transformará en una espada fraternal
para defender el derecho de cantar
en la fiesta del día que llega.

Artículo Final
Queda prohibido el uso de la palabra libertad,
la cual será suprimida de los diccionarios
y del pantano engañador de las bocas.
A partir de este instante la libertad será algo
vivo y transparente como un fuego o un río
o como la semilla del trigo
y su habitat será siempre el corazón del hombre.

Thiago de Mello