Bolívar

Cuentan que tuvo en su faz
lo que salva, y lo que aterra:
rayo de muerte en la guerra
y arco iris en la paz.
Cuando creyeron quizás
que se cansaba su brazo
hizo en la América un trazo
y volando, casi loco
con las aguas del Orinoco
fué a regar el Chimborazo.
Y si prueban su pujanza
los infortunios mayores,
Páez le presta los fulgores
de su poderosa lanza.
Todo se enciende y avanza
al conjuro de su acento;
estremece el pavimento
con su bridón el Mellao,
y aquel sol de Niquitao
no cabe en el firmamento.

Tomás Ignacio Potentini